El peligro que amenaza al hombre es la soledad (Todorov)

na reseña de hace años recuperada por Alberto Trejo Pietri y la ofrecemos aquí:

EL NACIONAL, Caracas, 5 de Junio de 1997

Tzvetan Tódorov publica su más reciente libro
“El peligro que amenaza al hombre es la soledad”

Reconocido como un gran estudioso de la literatura, este escritor, que logra adentrarse sin ningún aparente prejuicio en el campo del análisis de los fenómenos linguísticos, ahora lo hace quizás en el más difícil que es el de la cotidianeidad. En Venezuela, gracias a Monte Avila Editores, pueden conseguirse algunos de sus títulos más importantes
OCTAVI MARTI (Servicio Especial de El País para El Nacional)

Durante siglos, los filósofos, los poetas, los artistas, han glosado el ideal de la autosuficiencia. El hombre perfecto era un tipo solitario, capaz de vivir aislado, entregado a la meditación, ajeno a los placeres engañosos de la relación social. Si ese ideal de eremita es a veces presentado como natural, en otras se admite la necesidad de organización social como única vía para protegernos de nuestros malos instintos. El hombre es un lobo para el hombre, dicen los escépticos, para quienes ese lobo con corbata sólo vive con los demás para practicar la vigilancia mutua. En “La vida en común” (Taurus), Tzvetan Tódorov, recuperando el Adam Smith moralista o el Rousseau de los Dialogues o del Discours sur l’origine de l’inegalité, le da la vuelta a esa concepción.

“Si tuviese que resumir el libro a una afirmación básica, diría que su tesis es que lo interhumano funda lo humano, que la relación entre los individuos crea a cada uno de los individuos. Una consecuencia de esa idea es que el ser humano no puede ser nunca autosuficiente y autárquico. Necesitamos de los demás, del intercambio, para evitar convertirnos en un pequeño animal subdesarrollado. El ser incompletos es lo que nos hace ser humanos”, dice Tódorov.

La vida común se abre con un recorrido sobre la historia del pensamiento. Montaigne, Hobbes, Maquiavelo, Aristóteles, Kant, Nietzsche, Hegel, Freud, Bataille o Sade se siguen o se alternan a la hora de describir el hombre en solitario. De pronto, nos topamos con una cita de Víctor Hugo: “Los animales viven, el hombre existe”. No es la primera ni la última referencia literaria. “Este es un libro enteramente interdisciplinario. No creo que pueda decir de mí mismo que soy más antropólogo que historiador de la literatura, más psicólogo que filósofo. En las ciencias humanas tendemos a parcelar y a encerrar el conocimiento en áreas estancas y yo lucho contra esto. A menudo, un novelista es mucho más inteligente y preciso cuando habla de psicología humana que todos esos psicólogos empeñados en utilizar un vocabulario extremadamente técnico que, cuando al final logramos descifrarlo, sólo nos descubre lo que Henry James ya da por supuesto en la primera página de cualquiera de sus relatos. Por ejemplo, la cita que hago y estudio de Proust demuestra que, sin conceptualizarla, el escritor tiene una conciencia creativa precisa de todos los niveles, diálogos, psicologías y personajes que conviven en una misma persona”.

Otra fuente de inspiración es el estudio del comportamiento de los recién nacidos. Los distintos estadios que atraviesa el niño, desde el momento del parto hasta que, a partir de los 18 meses, es capaz de empezar a manejar el lenguaje, le sirven a Tódorov para demostrar la importancia del otro, de la mirada del otro. “Desde que nacemos, necesitamos que nos necesiten, necesitamos del reconocimiento del otro. Es básico para la constitución de nuestra personalidad”. Sin los demás no existimos, no somos humanos. Y no se trata de una mera necesidad fisiológica, ligada a la alimentación y limpieza.

Para el autor, “el gran peligro que amenaza al hombre moderno es la soledad”. No critica las nuevas posibilidades de información y comunicación, aunque cree que “el correo electrónico puede tener un gran potencial informativo, pero muy escaso valor formativo. Si todo pasa por el ordenador, si no tenemos contacto con diversos centros de control que nos ayuden a contrastar nuestras opiniones, estamos abriendo la puerta a la uniformización. Y la uniformización es una amenaza para la democracia”. Tódorov cuestiona “una sociedad que confunde medios y finalidades, que olvida que la mejora de la producción debería servir para vivir mejor en vez convertirse en objetivo”. Para él, en la medida en que lo que define a los hombres es la interrelación, “dicho objetivo sólo puede ser la calidad de las relaciones humanas”.

Le intriga “por qué se ha reemplazado el relato del origen del individuo, que puede ser observado por cualquiera de nosotros, por el relato del origen de la especie, necesariamente mítico, producto de la ideología”, y cree poder responder a ello, al menos en parte: “Si se prefirió sistemáticamente hablar de la especie y no de la persona, eso se debe a que la mayoría de relatos son obra de hombres. El nacimiento y la infancia, durante siglos, ha sido un universo exclusivo de la mujer”.

De la misma manera que no cree en el discurso productivista como organizador de la sociedad. Tódorov tampoco presta gran confianza a quienes sueñan con un ocio inacabable y paradisíaco: “El trabajo es también un muy importante espacio de reconocimiento público. La gente que está en el paro, aunque cobre un subsidio importante y no tenga problemas económicos, se siente infeliz, incompleta y sin esa posibilidad de transformar esa sensación a través de la relación con el otro”.

REPLY

  1. Los medios electrónicos, a mi entender, no aíslan sino que establecen vínculos y redes entre las personas que comparten intereses.

    Desde la soledad de mi espacio físico real puedo leer este interesante texto de Todorov, seleccionado por alguien creativo e inquieto que lo cuelga en su sitio.
    Hasta qué punto quedarse sentado frente a la computada impide el vínculo real con otras personas, no lo sé. Pero sí sé que gracias a internet puedo acceder a bibliografía, expresiones artísticas, movimientos que no habría conocido sin su desarrollo.
    Es cierto que la soledad amenaza al hombre pero me parece que por la indiferencia de una sociedad individualista, no por los medios electrónicos.

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