IMAGINARIO en el Diario El Sol, el DIARIO en IMAGINARIO

Como un juego de espejos reales y virtuales, un diario de Mendoza descubre un sitio web.
Este sitio.

Link Permanente: http://www.elsolonline.com/noticias/view/imaginario–el-museo

Resguardo de la memoria colectiva:

Imaginario, el museo

Como una isla en medio de un océano, este rincón virtual se yergue en la web para ofrecer un sitio de deleite, reflexión y contacto con el quehacer cultural de nuestra época.

Mónica Andrea Helou <cultura@elsoldiario.com.ar>

Si de descubrir mundos fascinantes se trata, la navegación por internet es una de las mayores posibilidades de concretarlo. Así como quien halla un nueva dimensión “al internarse en el ropero”, el navegante curioso puede encontrar Imaginario, Museo virtual del realismo fantástico de América latina. Un tesoro que Rubén Romani, un sanrafaelino comprometido de verdad con la cultura colectiva, resguarda del olvido y comparte con el universo. El creador de Imaginario cuenta de qué se trata este sitio.

¿Cómo surge la idea de crear este museo virtual?

Desde antes de iniciar estudios de museología, yo tenía vínculos estrechos con la literatura pero estaba totalmente insatisfecho con los modos de la literatura institucional y obviamente me interesaba algo más que escribir a solas y para mí mismo, en un diálogo solipsista con los literatos que uno va eligiendo a lo largo de la vida. Ese interés en, digamos, la palabra social, y la construcción dialogada de la palabra, fuera prosa, poema, historia, relato, me llevó a pergeñar un proyecto desde el museo pero que impugnaba al museo estático y con la palabra y la historia, pero impugnando los roles elitistas de historiadores y letrados. De allí a la experiencia de la palabra en el formato primordial en que lo viven los niños, fue fácil relativamente vincular ambos mundos. Pero, también fracasó la instancia institucional. Durante 10 años recopilé esa palabra comunitaria, popular, provisoria, diversa y la Municipalidad de San Rafael y la entonces Subsecretaría Provincial de Cultura nunca cumplieron con devolver la palabra prestada por esos niños y adultos en formato de libro. Entonces apareció internet, me tiré de cabeza, podíamos lanzar las palabras como botellas en un mar digital. Presenté el proyecto al Fondo Nacional de las Artes, gané el subsidio y avanzamos con montar los libros que el Estado no publicó, en formato digital.

¿Quiénes participan en la elaboración de Imaginario y actualizan la página? Imaginario digital fue construido a pulmón, con la ayuda de algunos amigos informáticos. La necesidad, hereje ella, me obligó a capacitarme en lo básico de la edición web y, ciertamente, no es lo destacable del sitio, hasta ahora, que con más ayuda, le incorporamos un motor de blog y de a poco reformularé algunas secciones, ya que Imaginario abre muchas puertas a muchos contenidos, y es algo caótico navegar, pero así son los siete mares.


¿Cuánto tiempo le dedicás? ¿Te trae rédito económico?

No tiene rédito, nunca logré formar la red social de amigos hacedores culturales, a los que les proponía hacerles sus páginas personales en la sección Vecindario. La idea era, a cambio de unos pesos, para pagar el hosting, pero he demostrado ser muy mal vendedor de ilusiones y de espacio en la web. De todos modos, hoy hay una nueva revolución informacional y aparecieron herramientas que ha provocado el Bing Bang de las subjetividades y las redes sociales, por eso decidí reflotar y remozar el sitio en busca de nuevos lectores de sus contenidos locales y no locales.

¿A qué se refiere eso del “realismo fantástico de América latina”?

A que nuestra literatura fantástica en realidad es un reflejo pálido del realismo fantástico en que vivimos, y no quiero decir con “fantástico” que es chévere, placentero o tremendo. Nuestra realidad es tan real que excede y supera la fantasía, con todos los matices de espanto y de amor que conviven en nuestra cultura latinoamericana y, en particular, en nuestro “kaos argentum”. Hoy escuchaba de algunos periodistas que son tantas las cosas que nos suceden cada día, que 1 año en Argentina equivale a 2, 3 o más de sucesos de otros países.


¿Qué respuesta has obtenido de la gente que lo visita?

En los primeros años, hasta el 2003, fue fantástico, me integré a redes de cuentacuentos y mitólogos de Iberoamérica, cuando viajé a España compartí con ellos casa, pan y parranda; el diálogo virtual devino vida plena, y eso es tremendamente hermoso por inesperado, pero, a la vez, uno siembra pensando en ese tipo de cosecha, la que a veces no nos damos entre comprovincianos, entre los que parece más fácil envidiarnos, maltratarnos y ser despectivos por la sola facilidad de la contingencia de vivir cerca unos de otros.


¿Qué expectativas cubriste y cuáles no?

He fallado en constituir un grupo cultural que mantuviera ese ida y vuelta entre lo virtual y lo real social, pero bueno, la vida me pasó por encima como las olas a un pésimo surfista y, tragando arena y con rollitos en la panza, sigo aportando a la utopía de comunicar realidades no visibles, por inciertas o invisibles, ocultas a los ojos de los ciudadanos conformistas y de los gobiernos que han corrompido la democracia cultural.


En el apartado Baúl de Mitos hay una convocatoria ¿de qué se trata?

Que está abierta a los aportes del lector, del navegante. Porque al leer hay un estímulo a recordar y buscamos la retroalimentación de las memorias colectivas.


En la sección Vecinos creás una comunidad de amigos ¿quién puede estar allí? ¿Seguís sumando gente? Justo es lo más débil, no continúo agregando amigos porque ahora hay mejores herramientas y yo mismo participo en algunas como Facebook o el portal mendocino PuraCultura.


¿Qué tipos de material subís a Imaginario, cuál es el criterio de selección?

Este es un desafío, trabajo con mi intuición y criterio, pero debo reorganizar un modo editorial que no aumente el caos de contenidos en el frágil y aparente orden, aunque, tal vez, prefiera seguir mi intuición un tiempo más. Y, decididamente espero los comentarios de los navegantes, aunque son un poco reacios a opinar, prefiero que entren y degusten y, si lo desean, que escriban, pero no es el objetivo bloguear todo el tiempo, sino, fundamentalmente, conformar un museo de esta época, necesariamente fragmentario, arbitrario, abierto, mestizo, pasional. El tiempo se devora la actualidad, en internet también, Imaginario es un híbrido tecnológico, y quisiera poder transmitir las sensaciones de la edad de piedra y el futuro que no conocemos, pero que no pinta muy bien para varias partes de la humanidad.

¿Qué se considera patrimonio y qué pretendes aportar a su cuidado y conservación desde la página?

Exige una larga consideración la respuesta, y no quiero pontificar ni predicar, lo que sí pienso es que el patrimonio, como lo conocemos, está en manos de gente con poca formación y nula visión, que repetimos lo heredado sin hacer preguntas, y todo aquello que no permite hacer preguntas, sólo admite la pasividad de obedecer, adorar y callar, entonces no cuenten conmigo, entonces no me representa ni lo siento mío. Apuesto a aportar herramientas para preguntar, pensar en conjunto, profesionalizar la mirada sobre las políticas públicas, que no es secreto que no existen.


Tenés estadísticas de las visitas, además, ¿podés saber el perfil de los visitantes?

En 10 años alcancé 60.000 visitas y en este último mes, con la renovación y un poco de promoción en Facebook, creo que llegaré de mil a 1.500 visitas mensuales, que para el tipo de sitio es mucho, aunque ¡no tengo idea de qué hace la gente con lo que encuentra!

¿Proyectos a partir del blog ?

Por ahora retornar a una serie de publicaciones en papel de selección de contenidos para trabajar en escuelas o para libre lectura, ya que, como Charly, yo me siento cómodo “yendo del bits al libro”, y viceversa. Además, hay una enorme brecha digital espejo de la social, ¿no?, por lo cual no dejo de ser consciente de que esta nota va a ser más leída por la gente que el mejor relato de la página web, pero no me pierde medir cantidad sino alcanzar calidad de comunicación.

Las secciones de imaginario.org.ar

  • Imago mundi: espacio de revisión de las formas de mirar y representar el mundo, con fuerte crítica al etnocentrismo europeísta de cómo se construye la descripción del mundo.
  • Baúl de mitos: retoma el archivo cronológico de una lista de internet fabulosa, Memoria, sus contenidos con un índice temático y una jerarquización de la información.
  • Imaginarios: es la sección de teoría sobre esa categoría, más fecunda para mí que la de Identidades, muy usada y vaciada de significado o muy utilizada desde posiciones fundamentalistas o esencialistas de la cultura, de las que huyo.
  • Patrimonios: acá intento dejar testimonio de las políticas culturales y acciones de la comunidad referidas a sus patrimonios significativos, en general, yendo siempre de lo popular a lo culto y criticando la elitización de las gestiones oficiales. Hoy con tres secciones internas: Apoyo para los Bienes Culturales (una versión digital de una excelente revista de gestión de la conservación del patrimonio cultural), el proyecto específico Mi comunidad, Museo Viviente, con sus libros comunitarios, y una sección dolorosa que registra cómo los mendocinos, funcionarios o ciudadanos, vamos destruyendo los referentes patrimoniales que tanto se declama defender. Se llama Expo(lio) Mendoza, una expo de la destrucción de murales, ferrocarriles, robo de las joyas bibliográficas, entre otras cosas.
  • Indi-Gestión Cultural: es lo que estoy viviendo hace años, al principio intenté montar un espacio que reflejara las acciones formativas que supuestamente iban a cambiar el modelo existente en la provincia y municipios sobre la administración cultural. Frente al evidente fracaso de la renovación de las prácticas de la política y la apatía ciudadana, devino en eso INDI, termino musical de lo que es un sello independiente y alternativo, es la parte del sitio para desarrollar la crítica cultural, que no tiene mucho lugar en la prensa tradicional mendocina.
  • Museo del imaginario: es el gustazo que me doy de reflejar historias de vidas que me conmovieron, otros proyectos compañeros y visiones de la cultura popular que suelen olvidarse por falta de registro documental. De algún modo, como no pasa nada en la museología mendocina, allí quiero refugiarme y ser el “curador” de mis propias utopías y coincidencias con otros grupos sociales en las políticas de las memorias públicas, hoy reducidas al Festejismo y Espectaculismo por las área públicas de Cultura o neofascistas con lo peor de nuestra historia social.
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