La ética de los republicanos

Iris M. Zavala

Y el 1 de abril de 1939 los republicanos tuvieron que salir…  con el trasfondo de un réquiem y del grito de victoria—venceréis pero no convenceréis. Y una espesa nube de duelo cubrió los campos yermos…. salieron los españoles del éxodo y del llanto… diáspora trágica…. la “España peregrina’, y la otra se quedó muda y en silencio. “No lo olvides hijo, son los mejores del mundo”…escribió  Aub en el El laberinto mágico Pero, ni ellas ni ellos fueron complacientes, sino que emprendieron una aventura contra la pulsión de muerte—aquel “Muera la inteligencia” de Millán Astray…  Sabían—como Unamuno–, que toda guerra es incivil: No son unos españoles contra otros –no hay aquí anti España–sino toda España, una, contra sí misma. Suicidio colectivo. Las miradas de los exiliados se posan sobre un mundo de valores destrozados y maltrechos…

guernika

“Guernika.” Picasso

La República estaba apoyada en un sentido democrático, ante todo laico, y en una ética responsable: una ética del deseo, abierta al futuro, un no ceder en su deseo.. y nunca cedieron en recuperar aquella República, hasta que tuvieron que desistir, pero nunca ceder en el deseo de lo que esta significaba. Volveré sobre esta ética heredera de la Institución Libre del krausismo, con su propuesta ética.  Ahora viajemos al pasado: la Guerra Civil Española. Nuestro viaje aborda una ética,  estilo de vida de los krausistas. El exilio republicano de las vanguardias es heredero de un proyecto ético y laico, de aquella escritura surgida en una crisis de la sociedad occidental: la modernidad. También en Inglaterra George Orwell,  por entonces aludía a la meritocracia, o sea, una democracia laica…  Esta ética laica no puede convertirse en el instrumento de una adaptación del ser humano a la sociedad. Y vino lo que se llama exilio, y su violenta destitución de todo un concepto de vida de aquéllos y aquéllas que habían transitado por una nueva experiencia y sus límites. Vano empeño, porque  en la España franquista la religión y la moral cristiana fueron la custodia de la verdad: moral, no ética. La polis y la tarea del pensar pertenecían a la Iglesia, con su ética del bien, el amor entendido como amor de Dios.  Aludo a la escolástica más rígida.

Puntúo. La ética no se pregunta qué es la vida humana, sino cómo vivir mi humanidad, cómo domar al depredador que todos llevamos dentro. La filosofía hace preguntas sustanciales, no metafísicas, es decir hermenéuticas. Por ejemplo  ¿qué significa ser libre? Es decir se centra en el problema de la libertad,  y de la responsabilidad que cada cual tiene con ésta…  es otra respuesta progresista ante lo que era evidente: la modernidad. Y además supone valores no morales, que son parte  consustancial de la religión, sea cual fuere. En el fondo propongo lo evidente: que la Guerra Civil se lucho por valores éticos laicos frente a los morales metafísicos. Ese fue el terrible problema; el laicismo. Y quiero recalcar que la ética como actitud mental implica un comportamiento que se gobierna por un conjunto de normas y valores que tienen como idea central el amor al conocimiento, y el amor a la verdad. Todo esto se exterioriza en una conducta y saber estar de permanente indagación y esclarecimiento, que configura un comportamiento ético relacionado con el camino para la acción correcta.

Ahora hemos de recordar la estrecha relación entre violencia y política, recordando a Walter Benjamin y su grandioso texto Para una critica de la violencia. La noción de violencia redentora. Nuestro recorrido nos permitirá desenredar nudos en torno a  la ética de los republicanos: ética responsable. El Malestar en la cultura es la puerta de entrada para dar cuenta de lo novedoso que trae Freud al campo de la ética y específicamente al llamado “problema del mal”. Y, la interpretación que nos dibuja Bajtin en el acto ético  ha de sumergirnos en la tarea del pensar en todo su despliegue, con la conciencia de que no es posible agotar la realidad ni el conjunto de los problemas. Prosigamos estas curvaturas, y  establezcamos nuestro diálogo con la ética republicana al trasfondo de la voz de Bajtin,  que se resume en la máxima “en el ser no hay coartada”;  ése es el acto ético. Implica una responsabilidad,  y el acto proviene del yo, siempre orientado hacia el otro.  Bajtin establece una coherencia entre el mundo de la cultura y el mundo del acontecimiento, del acto que se rige por la responsabilidad. El acontecimiento prefigura el futuro,  y nos permiten encarar los síntomas sociales. Más claro aún, nos induce a buscar aquel futuro anterior que todo texto articula, invitándonos a desescribir el pasado para hacernos nuevos futuros; en este giro creador es imprescindible  la política de la memoria.

Ahora emprenderé un recorrido autobiográfico y metahistórico o de destinos indidividulaes:   recordado la universidad de Puerto Rico que me enseñó a dudar; producto de la lucha y proyecto al porvenir. Aquí me bifurco por varios senderos, y comienzo. Nací entre dos guerras cruentas—la II Guerra Mundial y la Guerra Civil Española—iniciada el 18 de julio de 1936, día que se rompe a pedazos la legalidad constitucional contra la II República Española proclamada en 1931.  Mi hermano seguía los triunfos republicanos en un mapa, yo no sabía hablar, pero lo seguía con los ojos, y desde entonces amo a España y aprendí a valorar una historia de triunfos y fracasos, y, claro, a los republicanos, y el liberalismo ético que esta II República Española  representaba; el liberalismo de las Cortes de Cádiz: liber alles,  libertad de todos, en particular de reunión y de credo, fuera este religioso o político.

Y ahora dos recuerdos. Era una jovencísima estudiante de humanidades, y cada día, a las 5 de la tarde pasaban dos venerables maestros,  Federico de Onís y Juan Ramón Jiménez; el primero, salmantino, alumno de Unamuno, de la Residencia de Estudiantes, amigo de Lorca, uno de mis grandes maestros y amigos, el otro el gran poeta, entonces Escritor Residente.  …La discreción  y la elegancia iluminaba como un nimbo, un aura,  a la pareja de hombres cogidos por el brazo.  Los veía pasar y me preguntaba de qué hablarían estos dos seres que emanaban sabiduría—pero no la de datos, la cuantificable, tan reputada hoy día–, sino la sabiduría profunda que se puede definir cómo saber hacer con la vida. Los seguía con mi mirada adolescente, ávida e interrogante. El blanco cabello de ambos,  y sus rostros mostraba la actitud de profundo respeto y aceptación del hecho de vivir.  Con sus palabras aprendí con el tiempo  a distinguir entre el sabio, el erudito o el charlatán…

A Onís debemos indirectamente Poeta en Nueva York,  pues fue él quien invitó a Lorca, fue un destacado miembro de esa generación que perdimos con la Guerra Civil. Este salmantino republicano se fue a jubilar a la Upi, regida por Jaime Benítez, que abrió las puertas a exiliados republicanos y otros grupos que huían; argentinos, judíos, norteamericanos. Muchos fueron mis maestros, los portadores de ese concepto que hoy invoco; ética responsable. ¡Cuánta diáspora, cuánto dolor y sufrimiento, y cuánto nos dejaron en herencia, como memoria simbólica a todos nosotros, y a ustedes los españoles de acá, los peninsulares, a todos.  Antes de mi paso por esa Universidad,  habían estado  María Zambrano,  Américo Castro y  el otro gran filósofo, José Gaos (que retomaré), Vicente Lloréns, Pedro Salinas…entre tantos. Lloréns –valenciano, el gran maestro del romanticismo,  ha dejado páginas imborrables sobre los avatares de ese exilio,  que viajó primero a Santo Domingo, y de ahí a Puerto Rico.  Escuché el saber de María Rodrigo, compositora y mi profesora de historia de la música,  hermana de Mercedes Rodrigo, fundadora de la Asociación de Psicólogos de Puerto Rico, y  del músico Joaquín Rodrigo, a quien vi más de una vez por los pasillos.  Otro músico exiliado fue, claro está,  Pablo Casals, que en Puerto Rico  cuenta con un museo en el Viejo San Juan,  y la gratitud de los mejores músicos ni a los que transmitió su arte. Y el pintor Esteban Vicente, que formó generaciones de artistas, y Carlos Marichal, grabador, hermano del intelectual  Juan, y el satírico escultor Compostela.  Estuvieron también dos grandes amigos, más jóvenes—Jorge Enjuto, hijo del gran jurista que condenó a Primo de Rivera, y mi añorada Aurorita de Albornoz…y más joven aún, de mi generación, a mi perdido amigo Alfredo Matilla—Fredín, el “Españolito”, traductor de James Joyce y magnífico poeta y ensayista.

No puedo olvidar al  historiador Javier Malagón, que ha dejado como legado su biblioteca y documentos en su Toledo natal, y a uno de los grandes guitarristas del siglo XX,  Andrés Segovia, a quien alguna vez oí tocar la guitarra acompañado por Llorens. ¿Cómo olvidar la imagen y la intensidad luminosa de Victoria Kent a quien conocí en Nueva York; allí dirigía la revista republicana, Ibérica, que duró más de 20 años? La del Pichi…diputada en las Constituyentes en 1931 y directora general de Prisiones durante la II República,  el primer cargo directivo público de una mujer en España y la primera mujer abogada en el mundo en defender un caso ante el Tribunal Supremo. Es preciso subrayar que durante la II República las mujeres tuvieron un lugar destacado en la vida intelectual y política,  que el feminismo no lo inventamos ayer,  y tiene una larga y historia desde el siglo XIX con el nacimiento del socialismo. No puedo dejar de lado a Clara Campoamor, aún con sus errores, que con Victoria Kent fundó   la Asociación Nacional de Mujeres Españolas en 1918,  a favor del sufragio femenino y defensora de los derechos de la mujer y principal impulsora del voto logrado en 1931. Por desgracia, el voto a las mujeres fue negativo para la izquierda debido al control que la Iglesia ejercía sobre ellas en aquella España…

Y quiero subrayar la magnífica y continua labor de Les donnes del 36, de Barcelona, compuesta por mujeres que eran niñas o jovencitas al estallar la guerra, y se exiliaron con su familia. Mermada hoy día por muertes y graves enfermedades de las mayores, continúa la labor Josefina Piquet Ibañez,  —la “nena del 36″. Cuando tenía cinco años quedó atrapada entre las ruinas que originaron el bombardeo que sufrió el centro de la ciudad por los aviones fascistas italianos. Pocos meses después, cruzaba la frontera a pie, con su madre, entre miles y miles de exilados, en el duro invierno del 39. Regresa después de 11 años de exilio. Su  valiente posición es “no nos vencieron, solo ganaron la guerra”. He ahí explicitada la ética del deseo espinozista, que también sostiene que pensar es hacer.  La filosofía es así pensamiento en acto, un modo de intervenir en lo real, acción sobre el mundo, las ideas y los afectos. Toda filosofía verdadera es inmediatamente política, creadora y tiene efectos sobre el sujeto.

Lo que recuerdo  podrá parecer un catálogo de nombres; no, es  historia vivida.  A mis ojos recordar a estos héroes trágicos, y olvidado ya su sentido ético  es una necesaria victoria ganada sobre la intolerancia. Con estos maestros todos tenemos una deuda que Los espectros de Marx de Derrida, aclara. Sostiene ante todo que  necesitamos sabiduría. Esta es la ética; la justicia, que no puede reducirse ni a la ley ni al derecho. Pero no puede haber justicia sin una política de la memoria. Solo así nos son presentes y vivientes aquéllos con los que dialogamos, aunque hayan muerto. Y continúa. La manera en que trabajan los fantasmas es el asedio; habitan asediando: estando en un lugar sin ocuparlo. En este sentido, podría distinguirse el imperativo ético que propone el filósofo: aprender a vivir con los fantasmas, así éstos nunca estén presentes como tal, así éstos no existan, así no sean.

Prosigo. En el escenario de este teatro sus rostros y sus voces y su escritura surgen como gladiadores ajenos a todos los lugares comunes y a todos los prejuicios.  Y ahora dos recuerdos personales que revelan la ética responsable que persigo. A la Argentina emigró el entonces joven catedrático de Derecho Político y letrado del Congreso Republicano, el gran cuentista y novelista granadino Francisco Ayala…y también recordaré como otro exemplum a Rafael Alberti.

Ayala, el último en desaparecer de su generación, salió en exilio con el triunfo del franquismo. Ya éstos habían fusilado a su padre y a uno de sus hermanos. Ayala, ingresó por oposición en el cuerpo de Oficiales Letrados del Congreso de los Diputados. Cuando  se declaró la Guerra Civil, él que estaba exiliado en Buenos Aires, con Nina, su primera esposa, y su hija, regresó a España y permanecieron hasta 1939, exponiendo su vida, para ponerse al servicio del Gobierno republicano como funcionario público, y ejerció en el Ministerio de Estado. Fue uno de los redactores de la Constitución de la República, además de cónsul en Praga. Quiero subrayar que fue el redactor de la Constitución de la República, hecho  poco conocido.  Dos de sus hermanos fueron ejecutados por los franquistas, me dijo alguna vez, cuando lo iba a visitar a su casa familiar en el Marqués de Cubas. Fuimos amigos hasta su muerte, y comigo hablaba recordando ese pasado.

El segundo lugar, una experiencia única con Alberti. El 23 F estaba en Nueva York,  en una reunión que organizó una gran amiga, Bobbie Ortiz—directora de la editorial Monthly Review Press. Hablabamos Alberti y yo, y se entera de golpe, en ese momento me dice consternado: Tengo que volver a España, me necesita, no puedo permanecer al margen.   Recordemos otras cosas poco difundidas, la República en el exilio.  El historiador Claudio Sánchez Albornoz, fue uno de los Presidentes de la República Española, gobierno constituido en 1945 y reconocido por el gobierno mexicano; su hijo a Nicolás, gran historiador a quien conocí en Nueva York, también luchó y fue encarcelado. Muchos  dieron el salto a los Estados Unidos, como Salinas, Jorge Guillén, Joaquín Casalduero, Ayala.

Repito una y otra vez que no es por nostalgia que los invoco, sino como testimonio de una identidad de la cual no tengo el deseo de privarme ni de privarlos. Esta ética es nuestro patrimonio de saber; muchos de los exiliados que recuerdo han sido amigos personales, otros mis maestros directos o indirectos. Con  ellos y ellas generaciones de latinoamericanos hemos aprendido a pensar la sociedad y la totalidad del hecho social, desde una perspectiva ética, y nos llevaron—al menos a mí—a repensar más tarde cada una de las disciplinas y categorías como “nación”, “cultura”,  y redefinirlas.

A mí—y pienso en Ayala, Lloréns, Gaos—me llenaron de interrogantes ricos en desafíos, con su palabra, su conversación  y su escritura, en Nueva York o en Madrid.  Todos los maestros republicanos que rescato fueron grandes conversadores, tenían el arte del lenguaje,  fueron trabajadores de la palabra hablada y la palabra escrita. Tomaré ahora otro sendero, pues todos pueden leer las memorias de Lloréns sobre este exilio, las de Ayala, Azaña, los trabajos de José Luis Abellán, Manuel Aznar Soler y su biblioteca del exilio, y tantos otros.  Vuelvo a la ética.

Retomo a don Federico– que siempre compartí en mis amores con Aurorita—y destacaré un hecho poco conocido. Su lugar destacado en la expatriación de exiliados: en la sala Federico de Onís en el Departamento de Estudios Hispánicos, hay material único para rescribir la historia de España. He visto alguna vez cartas de Lorca, manuscritos de Unamuno y una fundamental correspondencia entre don Federico y Gabriela Mistral, pues ambos ayudaron a abrirle puertas en todas las tierras americanas a esos republicanos cuyo obligado éxodo dejó a España huérfana de ideas. Y quiero recalcar que la ética como actitud mental implica un comportamiento que se gobierna por un conjunto de normas y valores que tienen como idea central el amor al conocimiento, y el amor a la verdad. Todo esto se exterioriza en una conducta y saber estar de permanente indagación y esclarecimiento, que configura un comportamiento ético relacionado con el camino para la acción correcta.

Pero no evoco aquella ética  a la sombra de los pesimismos de este nuevo siglo que se ampara en la supuesta muerte de la historia, muerte de las ideologías, muerte del intelectual  orgánico, en definición del gran comunista Antonio Gramsci….No la  invoco como una vasija vacía,  sino como una revalorización que nos libera del cómputo y el cálculo para anular el valor de mercancía de todas las cualidades humanas. No hay lápiz,  sino su uso,  y esta vanguardia tuvo una causa común, y la sensación de una motivación colectiva.  No los evoco, pues, como ascéticos y quejumbrosos, sino como guerrilleros de la palabra y las ideas, que yo escuchaba, y así aprendí—lo sé ahora—a preguntarle a la esfinge, que siempre responde con interrogaciones.

Cuarta escena de esta película noir  de los años 50.   Mis cursos con Ayala, en el anfiteatro de la Universidad, que vio representar El público de Lorca, por primera vez en el mundo.   Para mí, su figura, como la de muchos compañeros suyos en la Residencia de Estudiantes, es la de un dandy… pero un dandy con una autodisciplina, invariablemente literaria ante la vida… Las construcciones ontológicas que articula son distintas, pero se despliegan en la complicidad de un pensamiento que propone la pregunta por la posibilidad de pensar de otra manera, tal vez para escribir para un pueblo que falta…  Con los años, comprendo que todos abordaban, en su conversación y su escritura, el concepto de vida laico, clave para entender su  propuesta ética y volvernos al objeto de pensar, a la autoridad del saber. “El filósofo tiene hoy el deber de desconfiar, de mirar maliciosamente de reojo desde todos los abismos de la sospecha”, dijo Nietzsche, deber que ha de ser nuestro horizonte.

La tarea a que me invitaron estas voces fue a pensar el presente. Don Paco, como le llamábamos en Puerto Rico, Gaos, Llorens y muchos otros exiliados reforzaron la tarea del arte de “repensar”, Y, como toda su generación, supo percibir con nitidez lo que nos enseña “el malestar en la cultura” freudiano. Aludo también a la relación entre los sexos, el respeto a la mujer, al margen de programas y leyes sobre la igualdad.  Porque la República fue obra de hombres y mujeres, y éstas tuvieron enormes responsabilidades.

Todo se me esclarece hoy, y comprendo con nitidez que muchas de las conversaciones con mis amigos trataban sobre la libertad y que es imposible ignorar su importancia y peso. En esa idea, están sometidos todos nuestros actos y comportamientos. En principio porque la condición humana supone la libertad de morir. De modo que, para esta generación, hablar de la libertad supone una responsabilidad ética, en la medida en que implica la condición humana y su relación con la muerte. Hoy percibo con nitidez que todos volvieron a plantear la cuestión histórica del eros y de la verdad. Las palabras pausadas, sonrientes a veces, otras irónica de estos exiliados, revelan un profundo respeto por la autoridad, ejercitar el pensamiento con el objetivo de adquirir experiencia para repensar. Para Hanna Arendt. “La autoridad implica una obediencia en la que los hombres conservan su libertad”. El poder puede imponerse, sólo la autoridad sabe hacerse obedecer. Obediencia deriva de ob-audiencia. de oír. Obedece quien oye las razones que otro con autoridad le da y, las incorpora como principio de acción… la autoridad es una acción creadora que tiene su horizonte en el futuro.. Y se obtenía por tradición (transmisión), sus raíces estaban en el pasado, un pasado vigente, y se aceptaba sólo por el reconocimiento de la grandeza del otro.

Recuerdo estas vanguardias desplazadas, despedazadas, y el sentido ético que nos transmitieron. Ellos afianzaron mi temprano amor por  la lectura, la  búsqueda de la verdad, la integridad de lo que significa ser intelectual…son nuestra herencia,  la de todos nosotros: uno por uno de estos itinerantes forzados, ha dejado un legado trágico que la memoria histórica ha hecho desvanecer en el aire. Vuelvo a mi ritornello: no es nostalgia, sino una invocación a la ética. Si los evoco es porque estamos en deuda con todos ellos, y como  eslabón  en la cadena, siento la obligación de transferirles esta ética responsable para que la continúen.  Muchos yacen enterrados en su tierra americana de acogida—como mi gran maestro y amigo José Gaos, que hace mucho tiempo me enseñó la profunda diferencia entre amar y querer, en aquellas tardes mexicanas que pasé en su casa en el Alto de los Pájaros, en México,  mientras hablábamos, mas bien lo hacía él, de filosofía. Entre textos de Hegel, de Voltaire, de Heidegger, Gaos me regalaba su palabra,  preciosa joya deslumbrante de sabiduría. Y me conmueven todavía sus últimas palabras cuando nos despedimos: Iris, soy un gachupín con pasaporte mexicano. De los que invoco, algunos yacen en suelo español—pero no ha quedado en el recuerdo la memoria de sus hazañas.

Pero, solo he mencionado a aquellos que me han formado, cuya voz todavía me inunda de vibraciones. Con el exilio cayó la espesa nube del duelo sobre  España.  La II República y la Guerra Civil son acontecimientos que nos han marcado a todos en suelo español y las Américas—fue un levantamiento militar contra un gobierno republicano constituido democráticamente y donde llegaron brigadas internacionales de todo el mundo, también portadores de una ética responsable; este acontecimiento está en el efecto de lo que nos determina. Por tanto, no es nostalgia, sino retomar un acontecimiento, y una forma ética de estar en el mundo y de actuar, una ética,  que en ellos  se asienta  en el pensamiento krausista, y la Institución Libre, repito y aclaro. El “racionalismo armónico” de los krausistas está asentado en una “ética social”, que tendía a la autorrealización del individuo en el marco de la estructura social.  Un estilo de vida, una forma de estar con el otro, de respetar al otro, que en nada se parece al multiculturalismo y al pluralismo actuales, que añaden otra voz  mediante sus lo que nos determina. Por tanto, no es nostalgia,  sino retomar un acontecimiento, y una forma ética de estar en el mundo y de actuar. Un estilo de vida, una forma de estar con el otro, de respetarlo, que en nada se parece al multiculturalismo y al pluralismo actuales, que añaden otra voz  mediante sus mecanismos de opresión. Y paro en seco.

Permítaseme añadir un par de ejemplos para mostrarles esa sabiduría y ética que son nuestras. A Llorens le escuché unas palabras estremecedores; este gran maestro del liberalismo fue un joven oficial del Servicio de Inteligencia en el ejército de la II República, y con Joan Corominas,   se ocupaba de traducir los partes de guerra. Pero a él le tocó cerrar la frontera ese malhadado día de 1939, en que las turbas fascistas conquistaban a sangre y fuego toda la península. Cerrada la frontera se escuchaba el ruido aterrador de ametralladoras y cañones. En eso, Américo Castro, al trasfondo de las bombas y balas, le dice a Azorín con enorme pesadumbre: “Y nosotros que queríamos enseñarles sensibilidad”.  No echemos en saco roto ese término: sensibilidad, es decir, ética,  puesto que con la sensibilidad se obra para civilizar. Volveré para terminar sobre la relación entre el texto ético y el arte, antes otra parada.

Al científico catalán Juan Roura Parella le escuché repetir una estremecedora frase de Antonio Machado. Otra vez la frontera: allí se encuentra el joven catalán, y quiere darle paso al poeta andaluz. Este lo mira con dolorosa serenidad y le dice: “No, pase usted, que a mí me espera la eternidad”. El viejo poeta,  aquel que le escribió a Leonor, “entre tú y yo, Leonor, la guerra”, daba paso a la juventud. Hemos de recuperar la gigantesca labor científica,  literaria, artística y filosófica de estos exiliados, que siguen siendo contemporáneos. No es, pues,  por nostalgia que invoco esta coral de voces,  esta polifonía de acentos; intento recobrar algo de historia oral, confiando que quede esculpida en las generaciones venideras que desconocen lo que es esta ética y saber que invoco, y están satisfechos con la informática y la tecnología. Uno por uno de ellos me instado a izar velas, o no temerle a las tempestades y tormentas, y cada uno de ellos es mi contemporáneo. En mi lectura los contemporáneos son hechos que se hacen legibles retroactivamente, desde el paradigma del futuro que prefiguran. Con  estas voces nació un nuevo lenguaje, una nueva forma de habitar la lengua y nos invitan a historizar el pasado en el presente,  porque ha sido vivido en el pasado.

De paso, les hago notar que la lectura de la actitud ética de estos exiliados tiene algo muy sorprendente y adecuado para retenernos. Ponen en juego la verdad, abren brechas, crean rupturas, nos enseñan—si los escuchamos—a tratar con la escoria y la semilla del veneno del propio ser y del vínculo social y a desescribir el futuro-, que ya estaba escrito en el pasado. Se debe aprender a “leer”  el texto de la historia y los textos de aquella guerra incivil, dándoles su lugar relacional en un sistema,  como una polifonía de voces que se han ahogado y reducido al silencio, en la atonía y monotonía actuales.

Y freno. Soy consciente que estos héroes trágicos del exilio republicano molestan,  perturban, y se los ha intentado domesticar…pero a mí se me hace evidente que todos caen a los conformistas como una camisa blanca a un cuervo.  Si un silencio profundo ha caído sobre sus voces,  y sobre esta España heroica y trágica, quiero recordar que aquello  que fue excluido se abre hacia la redención y el apocalipsis–cuando hasta los muertos sufrirán una segunda muerte. En palabras de Benjamin: “ni los muertos estarán a salvo del enemigo si este vence” (tesis VI). En este contexto nos invitan a marcar otro acontecimiento. No se trata de pensar como ellos, sino de verlos como creadores de nuestra humanidad, de coger cada uno de sus conceptos, y sacarle el fruto y convertirlo en semilla y tratar de responder a las preguntas que no hicieron, y buscar repuestas a las que nos dejaron en el aire como herencia, y que estas no sean semillas que se lleva el viento. Todos ellos y los miles de miles conocieron el malestar en la cultura que surge de esa insondable agresividad del ser humano, que intentaron confrontar con la sensibilidad a la que aludió don Américo Castro.

Etica, entonces—y no nostalgia–,  es el saber que reivindico: crear para civilizar, enseñar para hacer saltar las dudas y las preguntas, desarrollar el pensamiento crítico. El pensamiento ético está entonces en el centro de nuestro trabajo sea el que fuera del intelectual al obrero. La ética que invoco, no por nostalgia, es entonces en sí mismo un acto de resistirse a la dominación.  Y ya sabemos que cuando el estigma de la diferencia se lleva al extremo, se produce el exterminio. Estas voces que invoco como Baudelaire a Andrómaca, nos estimulan luchar por una  sociedad que incite a recoger ese malestar de la cultural, ese estar mal en el mundo, esa incomprensión, esa maldición por ser humanos que siempre convierte nuestro destino en trágico.

Y termino con mi ritornello: no es por nostalgia que recuerdo este exilio republicano, sino porque en lectura retroactiva se nos agiganta la labor que nos han dejado en herencia, un acto ético que debiéramos hoy día, más que nunca, reforzar…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s