ELOGIO DEL OTOÑO (2) Equinoccios

Y DESPUÉS PREGUNTÉ AL MUNDO
EL OFICIO DEL VERANO…

Foto: Rubén D. ROMANI

Foto: Rubén D. ROMANI


A fines de marzo, desollando los frutos maduros
en busca del destino de las eras
-a imitación de la maceración de la tarde-
desollando nubes y tallos con cuchillos de hielo
accedemos con frío, tempranamente,
por un aire inédito del sur que anticipa
las veletas clavadas en el corazón del norte…
Accedemos decía,
a la contemplación de la luna maravillosamente amarilla
simulando amanecer de durazno
comprometida ya de noche
sobre unos álamos todos cuajados.
A orillitas del canal, matriz de cosechas,
tengo junto a ti la extraña visión del mar
y de la espuma -sin su salado ritual-
chorro de sal a imitación de las ballenas
que sueñan con las muchedumbres de las olas.

Si de “escuchar ritmos y evoluciones” se trata
pondré mi mano sobre tu oído
en un cuarto creciente de caricias,
el salteador de constelaciones beberá agua fresca
para mitigar la insolación de su alma…
Por escuchar latidos, de una forma o de otra
a falta de caracolas obsecuentes
te daré la tibia murmuración de mi sangre.

A fines de marzo,
la montaña destila su herida de roca y barro
ya es rumor de mareas nocturnas

¡ y esta luna se desubica
levitando por el este,
insistiendo en madurar
su pálida pulpa !

© Rubén Darío ROMANI
De: “Sobras Completas”

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