De niños y niñas, adolescentes y tareas pendientes

por Jorge Morales (México) y Eduardo Ribó (Mendoza)

“Metegol huarpe”. Foto: Maximo ARIAS

Metegol huarpe”. Foto: Maximo ARIAS

Según las leyes y de acuerdo al más modesto sentido común, los niño/as necesitan comer y estar sanos para poder crecer; esta aceptado también que en su proceso de desarrollo es importante que cuenten con un hogar y una familia, así como que sean sujetos al proceso educativo conveniente para inculcar en ellos/as los valores adecuados para convertirlos en personas “Adaptadas al medio Social”. Esto es razonable, pero en el fondo trasluce la institucionalización de la subestimación del el niño/a; la subespecie niño/as es y ha sido, en casi todas las culturas y épocas, considerada por la adultez una obligación inevitable para la perpetuación de la especie madura y magnífica del homo sapiens – (adulto, obviamente).

Enterrada en las neblinas de la inconsciencia,  la propia niñez yace estampada una colección mas o menos escasa, mas o menos ingrata, de imágenes dispersas de un algo irrecuperable e incomprensible para el ser adulto, serio, preocupado, productivo. De dicho extrañamiento deriva su incapacidad para valorar las necesidades y para medir los efectos magnificados de las insatisfacciones, miedos, culpas, experiencias traumáticas, vividas en su propia niñez y que en su adultez derivan en toda suerte de bretes.

No tan distante pero igual o más dramáticamente desdeñada, la adolescencia transcurre como el limbo, el lugar de nadie donde pasiones, ideales, temores y dudas se entrelazan en una incontrolable olla de vapor. Separados de los escasos privilegios del niño/a y negados aun para ejercer las prerrogativas de los adultos, resultan para estos los más molestos, escandalosos, rebeldes e incomprensibles seres. A pesar de sus diferencias, niño/as y adolescentes se identifican en su marginación, la situación de ambos en nuestra sociedad es, en muchos sentidos critica. Hay sin duda importantes sectores sociales preocupados por la desnutrición, por la creciente carencia de opciones educat¡vas o por las sombrías perspectivas de empleo para los futuros adultos. No obstante, quienes ya se preocupan por esto, difícilmente valoran la magnitud de las carencias intelectuales, culturales o expresivas que sobrellevan.

¿Que importancia se le asigna hoy al cultivo de la actividad emancipadora y socializadora del juego?, ¿cuanto valla a la promoción de la expresividad, al acceso a las manifestaciones edificantes de la recreación y la cultura? Factores tales como el afecto, la expresividad, la sensibilidad y el juego son al menos tan importantes como la educación para la formación de seres humanos íntegros, capaces no sólo de servir y de obedecer, sino también de pensar, de elegir, de proponer, de relacionarse con otros, de hallar satisfacción en lo que hacen y en lo que viven.

Callejón de los Juegos, Bermejo, Mendoza. Foto: Rubén D. ROMANI

Callejón de los Juegos, Bermejo, Mendoza. Foto: Rubén D. ROMANI

El disfrute de los bienes culturales, las emociones y sueños que alimentan su imaginación, el despliegue de las propias facultades a través del juego y de la creatividad, son alimentos sustanciales para el

crecimiento individual y colectivo; los chicos lo saben, al menos lo asumen cotidianamente al revelarse a los ritmos impuestos del deber, que sobre sus ganas y sus energías los golpea una y otra vez contra el muro de la intransigencia, que les niega la dicha y les inculca la obligación como norma y meta del deber ser y por extensión de su propio concepto de lo divertido, de lo emocionante, de lo edificante, el adulto somete al niño/a (con bastante éxito) y al adolescente.(con menos) y los adapta a su manera de vivir el juego y la educación, a la función de escape rutinario, que le otorga; esto sucede a costa de doblegar las necesidades vitales de los niño/as y adolescentes que más que escapar requieren encontrarse consigo mismos y con el mundo que les rodea; si bien la imposición los remite al aislamiento y a matar el tiempo, sus móviles básicos están mucho más ligados a la necesidad de compañía, de afecto, de identificarse, de sentirse valorado y protegido socialmente, de tener proyectos, de compartirlos de ejercer el ámbito para desplegarse en cierto grado de libertad.

Ante la incapacidad para compartir sus tiempos y espacios, para comunicarse y relacionarse con niño/as y adolescentes sin los zancos o botas de la autoridad y de la relativa superioridad que otorgan los años, los adultos renuncian o delegan como lo hacen con otras muchas de sus facultades a la posibilidad de crecer , jugar y aprender con ellos, de disfrutarse, generar complicidad y diálogo lúdico, de construirse y reconstruirse en común. El brindarle a niño/as y adolescentes oportunidades y espacios recreativos es competencia del estado y no sólo del estado, lo es también de cada adulto y barriada, que define en su diaria relación con los “ menores ” su medida de incomprensión, intolerancia e impotencia correspondiente.

Si el estado no da o no puede bajo la situación en que vivimos dar las soluciones suficientes y adecuadas, el caso no es tampoco desplazar las responsabilidades de cada quién a la emergente sociedad civil. La sociedad civil es algo más que una abstracción, que una representación o que una colección heterogéneo de Organizaciones Civiles Comunitarias ( OSCs ), es en última instancia una suma de voluntades, de individualidades, en este caso, de padres, maestros, creadores, profesionales y promotores, que con sus definiciones cotidianas alimentan o no integralmente a los hijos.

Como está sucediendo en muchos otros aspectos de nuestra vida cotidiana, resulta que las soluciones no dependen tanto como pudiera imaginarse, de las recetas de los organismos internacionales ni de las decisiones del gobierno, las definiciones sustanciales son las que toman cuerpo en las barriadas, en las escuelas, en las casas, son que ejercemos todos y cada uno de los que integramos el entramado social cotidiano.

Las acciones tienen muchos ámbitos de aplicación, a ninguno se le puede negar importancia. Sería necio negarle méritos a los intentos que en el plano del ser sujetos se han realizado para otorgarles a los niño/as y adolescentes un marco general de amparo legal de sus derechos; también son dignos de reconocimiento los esfuerzos realizados por algunas organizaciones sociales e institutos de investigación que con menos recursos que ganas han dado pasos hacia el conocimiento de la situación de la infancia en nuestro provincia y en la búsqueda de opciones para mejorarla. Sin embargo las carencias pesan aún bastante más que los logros.

Juegos comunitarios, Bermejo, Mendoza. Foto: Rubén D. ROMANI

Juegos comunitarios, Bermejo, Mendoza. Foto: Rubén D. ROMANI

Juegos comunitarios, ¿Qué importancia puede tener para el futuro el hecho de que los niño/as no coman, ni jueguen, de que su imaginación esté captada por los parámetros y personajes de la crisis y sus representantes?, ¿qué significado puede tener para el país el que sus adolescentes carezcan de proyectos o de identidad colectiva?, ¿es esto importante, trascendente, digno de atención? ¿Cómo alimentan su creatividad y sus facultades ?, ¿qué opciones culturales y recreativas tiene hoy el niño/a y el adolescente de la ciudad, de los departamentos, los limpia – vidrios, los pibes en situación de calle, los recluidos, los y las discapacitadas? ¿Que efectos está causando en ellos el aislamiento, la soledad, la violencia, la competencia voraz?, ¿cómo puede repercutir todo ello en la determinación del mañana?

Hay una deficiencia endémica de proyectos sostenidos tendientes al estudio y puesta en práctica de medidas de atención a la cultura y recreación de infantes y púberes. No es sólo por falta de recursos, falta además voluntad, planeación; reina el autoritarismo y los intereses creados, los vicios persistentes del sistema se manifiestan aquí magnificados.

A esta altura, los invitamos a reflexionar acerca de ¿qué porcentaje de los niño/as y adolescentes mendocinos accede a talleres creativos, a actividades deportivas, a museos, a espectáculos artísticos?, ¿cuál es la relación porcentual entre el tiempo-tele , tiempo-compu ( los que tienen ) tiempo – encierro y el tiempo-juego en su hacer
cotidiano ?, ¿cuántos son los recursos destinados gubernamentalmente y socialmente a la promoción cultural – recreativa?.

Acompañar en su cotidianidad a un niño/a o adolescente requiere profundos cambios de actitud. Sea el estado, las OSC’s o los grupos de padres y vecinos, quien pretenda comprometerse en la tarea de alimentar sus sueños, sus vivencias y pensamientos tiene
necesariamente que dejar sus pedestales, investiduras de poder, galardones académicos. Acceder a su altura no significa bajar, rebajarse, implica crecer a nuestra propia niñez, a la libertad de jugar y hacer, de crear, de desear y de creer, implica una renuncia a la ideología y solemnidad que mueve nuestros actos e intereses. La
consistencia de quienes producimos y de quienes promovemos, desarrollo integral para niño/as y adolescentes, está como muchas otras cosas hoy a prueba, más si lo consideramos desde nuestra pertenencia a una sociedad en profunda crisis (desde el parámetro de la economía e inseguridad dominante) y con un bagaje cultura e histórico inagotable, que ayudaría a reflexionar y recrear otras formas de responder al constitutivo permanente de la crisis.

En este sentido, es importante producir espacios de desarrollo y cultura para adolescentes y niño/as con los matices, modos y valores propios de nuestros pueblos, pero más importante que esto es que ellos se expresen, que recreen y construyan sus propias manifestaciones culturales, las expresiones de sus modos de ser y estar en el mundo, que se constituyan en creadores y no en pasivos consumidores.
Consideramos que estamos ante un reto inaplazable, hay que echar mano a todo, a
todos los medios, con el apoyo o sin el apoyo del gobierno, hay que luchar por los
recursos necesarios y aportar los nuestros.

Nuevos aires refrescan el panorama político de nuestra sociedad, nuevas fuerzas y organizaciones civiles; desgraciadamente también hay viejos prejuicios, prácticas autoritarias, intereses, poderes en juego; habrá por ello seguramente batallas. Para evitar el fracaso de caer en el mismísimo o mas de lo mismo.

La construcción de opciones para los adolescentes y niño/as en el campo de la cultura, la recreación y el desarrollo integral, solo será posible coordinando esfuerzos; hay que impulsar proyectos de acción común entre vecinos, productores, investigadores y promotores, arriesgarse, retomar experiencias, buscar, apostar a lo largo y a lo
ancho contra los augurios de la represión, del avallasallamiento del caos y la violencia pronosticados para el futuro por los “ serios diagnósticos en seguridad ”. Construir caminos, sembrar esperanzas. Afinar voces no es sólo cuestión de buenos deseos, de declaraciones y estadísticas, es sobre todo una definición en el plano de las acciones y emociones.

Hoy en ésta nuestra Mendoza, vivimos expectativas en cuanto a un gobierno que tenga una amplia participación de representantes de la sociedad civil y sus causas; habrá que solicitar la suficiente inteligencia, sensibilidad y coherencia para atender y facilitarle a la sociedad infanto – juvenil la atención de la problemática expuesta. Para ésta tarea se requiere entereza, entrega, confianza, se requiere avanzar inaplazablemente en la consecución de una efectiva política cultural, social, amorosa y múltiple, respetuosa de los niño/as y de los adolescentes, alimentada de sus voces, de su energía y su pasión por la diversidad que nos ofrece la vida.

Actualmente con un grupo de amigos, trabajamos en un material para sumar propuestas que enriquezcan nuestro futuro.

Algunas de las posibilidades que se nos ocurren en principio son:

 Llevar a las cámaras legislativas propuestas para familias, niño/as y jóvenes de las barriadas que emanen de actividades participativas que se realicen localmente.

 Realizar un amplio diagnóstico de las necesidades y recursos en materia de
recreación y cultura en el marco de niño/as y jóvenes.

 Abrir días y horarios gratuitos para el ingreso de niño/as y jóvenes a espacios
culturales y recreativos ( Museos, Teatros, Clubes, Cines, Centros recreativos, etc. ).

 Promocionar la construcción de juegos didácticos que faciliten el desarrollo de
la imaginación, favorezcan el vínculo y pongan en juego valores sociales.

 Generar espacios de comercialización de bienes y productos, en los ámbitos barriales, más allá de situaciones de trueque, donde exista fuerte participación juvenil.

 Crear y promover OSCs juveniles que manejen recursos y promuevan cultura y recreación comunitaria.

 Promover la formación de promotores culturales y deportivos para jóvenes de los barrios.

 Hacer además de ferias y competencias científicas – deportivas entre secundarios, continuos encuentros para compartir intereses culturales y recreativos.

 Frenar la hostilización de los cuerpos policíacos sobre niño/as y jóvenes con “ portación de rostro ”.

 Abrir en escuelas primarias y secundarias, más espacios de actividades creativas , fuera del ámbito de la calificación y cohesión.

 Aprovechar los espacios de los salones de clases para presentar muestras periódicas de obras artísticas de autores mendocinos, de miembros de la comunidad y de los mismos alumnos y maestros

 Impulsar encuentros entre secundarias para intercambiar propuestas y productos artísticos y culturales de su creación

 Elaborar libros de texto y fomentar investigaciones sobre lo artístico y recreativo para insertarlas con más énfasis en la educación formal e informal.

 Organizar festivales y concursos de música y teatro creado por los jóvenes.

 Abrir espacios periodísticos para la expresión de jóvenes escritores, dibujantes, bailarines y artistas en general.

 Acordar turnos entre vecinos en el cuidado de niños/as, para que retomen las calles como espacios de juego y encuentro


Nota: Las fotos de Bermejo corresponden al 3 Encuentro por el Arte y la Producción Barrial 

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