Aproximaciones al imaginario del “explorador” en tiempos imperiales

3. El imaginario: un concepto clave

El imaginario se ha convertido, en las últimas décadas, en el campo de estudio predilecto de los historiadores. Y es entendible que así suceda ya que, a través de él, es posible ordenar y analizar el difícil terreno de la psicología profunda de una sociedad. Como ha escrito Jacques Le Goff, “una historia sin el imaginario es una historia mutilada, descarnada […]; el imaginario es, pues, vivo, mudable”[6], y constituye un fenómeno social e histórico que está presente en todos los grupos humanos.

El imaginario conforma un sistema de referencia siempre cambiante, siendo sus dominios un complejo conjunto de representaciones que desbordan las comprobaciones de la experiencia y que encuentra profundas relaciones con la fantasía, la sensibilidad y el “sentido común” de cada época o lugar; alterando constantemente la línea por donde pasa la frontera entre lo real y lo irreal[7].

Es un hecho evidente que la imaginación y sus productos participan en la historia de una manera mucho más persistente que aspectos del mundo concreto. Sus estructuras sutiles atraviesan siglos, demostrando que los mitos son indestructibles y que resisten mejor que cualquier creación material. Es posible, entonces, hablar de ciertas estructuras permanentes del imaginario[8] que, respondiendo a obsesiones constantes de la humanidad (conocimiento, poder, sexo, inmortalidad, etc.), registran los cambios y las permanencias de las mentalidades a través de los siglos.

José Luis Romero, [9], escribe:

“La mentalidad es algo así como el motor de las actitudes. De manera poco racional a veces, inconsciente o subconscientemente, un grupo social, una colectividad, se planta de una cierta manera ante la muerte, el matrimonio, la riqueza, la pobreza, el trabajo, el amor, [el otro y lo otro]. Hay en el grupo social un sistema de actitudes y predisposiciones que no son racionales pero que tienen una enorme fuerza porque son tradicionales. Precisamente a medida que se pierde racionalidad (…) las actitudes se hacen más robustas, pues se ve reemplazado el sistema original de motivaciones por otro irracional, que toca lo carismático (…)”[10].

De esta forma, el imaginario —que constituye un importante capítulo de la historia de las mentalidades— actúa como un vago sistema de ideas que inspira reacciones y condiciona los juicios de valor, las opiniones y conductas de una determinada época.

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Notas:

[6] Le Goff, Jacques, “Las mentalidades: una historia ambigua”, en Hacer la Historia, tomo III, Editorial LAIA, Barcelona,1979.

[7] Guglielmi, Nilda, Sobre Historia de Mentalidades e Imaginario, CONICET, Buenos Aires, 1991.

[8] Boia, Lucian, Entre el Ángel y la Bestia, Editorial Andrés Bello, Barcelona, 1997.

[9] Romero, José Luis, Estudio de la mentalidad Burguesa, Editorial Alianza, Buenos Aires, 1987.

[10] Romero, J.L., op.cit., Pág. 17.

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Fernando SOTO ROLAND, fragmento del ensayo APROXIMACIÓN AL IMAGINARIO DEL EXPLORADOR EN TIEMPOS DEL IMPERIALISMO (1870-1914) A PARTIR DE LA NOVELA “EL MUNDO PERDIDO” DE SIR ARTHUR CONAN DOYLE.

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