Mariposas de septiembre

MARIPOSAS MECÁNICAS

Monarch-fogataLas mariposas mecánicas
eran mecenas de la maravilla.

Venían a su antojo hacia mis manos
a beber todo el líquido feroz
del cuestionamiento,
todo el almíbar de mis generaciones.

Nunca logré averiguar el por qué de su prisa
el deseo de ser quemadas en rojo y oro violentos
entre los ácidos de la célula,
acaso, a su vez, añoraban
volver a sus viejos seres…

Para mí que ellas inventaron el fuego.
Sí, ellas
que son como pájaros amables.

Descansan en la casa de mi piel
solamente el segundo necesario
reconociéndome en el nombre
rastros de antiguas cenizas.

Luego se marchan,
mariposas de un día
juguetes de la sonrisa eterna son

pero, un tanto crédulas,
creen haber memorizado
la historia de la vida.


Para mí que ellas inventaron la distancia.
Tal vez los suaves modos de alejarse del amor.
Acercando y estrechando los aires del tiempo
sonríen brevemente
al escuchar estas suposiciones.

Gentilezas volantes,
maravilla de un instante.

Cuando ceden ante el silencio
sueñan la Poesía.

Rubén Darío Romani
Publicado originalmente en: “Sobras Completas…“

Qué maneras más curiosas
de recordar tiene uno,
qué maneras más curiosas:
hoy recuerdo mariposas
que ayer sólo fueron humo.
Mariposas, mariposas
que emergieron de lo oscuro
bailarinas, silenciosas.

Silvio Rodríguez

Lee un dossier de IMAGINARIO, de su baúl:

Las MARIPOSAS y los mitos

«¿Quién sabe si aquel objeto de nuestro instinto del que guardamos un
recuerdo grato y nebuloso, hoy, en este momento preciso de la noche, no
estará dormida, indiferente a nuestra posible llegada? (…) ¿Quién
puede estar cierto de que en el momento de percibir su misma
materialidad corpórea bajo un disfraz ligeramente modificado… pueda
ser reconocida por el aturdido sacrificante? ¿Quién puede esperar que,
en el caso de su reconocimiento, la mariposa vital del deseo alce su
vuelo otra vez en lugar de ser aplastada por el mazazo de la náusea al
advertir que desciende las escaleras acompañada de otro hombre al que
acaba de servir en nuestra ausencia? Sea como fuere y renunciando a tan
enojosas interrogaciones, el azar es el dios que más aún que el amor,
preside tan sorprendentes juegos.»

(Luis Martín Santos, _Tiempo de silencio_)

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