Corralón LA SIRIA

por Gustavo Alejandro RADA CUNQUEIRO

La historia del Corralón LA SIRIA empieza con mi abuelo que siendo un adolescente de quince o dieciséis años, allá por el año 1910 dejó Ruhayba, un pueblito de Siria, para no ser enrolado en el ejército Turco, y hacerle así una gambeta a la Guerra de Trípoli.

foto familiar, ca. 1943

foto familiar, ca. 1943

Se vino para la Argentina con un hermano. Anduvo casi trece mil kilómetros. Cuando llegó a Buenos Aires, ya seguramente no era aquel que dejó Ruhayba. Sobrevivir a semejante kilometraje requiere que un hombre cometa seguramente ciertos actos réprobos, sobre todo por aquellos tiempos. Requería de un hombre, no lo dudo, una fuerza física y mental superlativa.

A él lo renombraron: Alejandro Rada (su verdadera identidad era Alí Radá Turcuman). A su hermano, Juan Rada. Tanto a él como a todos los inmigrantes sirios, palestinos y libaneses, comenzaron a llamarlos (y aún lo hacen ) “turcos”, por provenir de territorios que se encontraban bajo la dominación de la Sublime Puerta, término usado para definir al Gobierno del Imperio TURCO Otomano. Nunca les gustó que les llamaran turcos.

Estos inmigrantes eran en su mayoría varones, duplicaban en ese aspecto a las demás corrientes inmigratorias. También fue la que tuvo el porcentaje más bajo de retorno a sus países de origen. De Buenos Aires se fueron a Cañada Seca, donde mi abuelo se unió a Lucía Guajardo. Después al Distrito de Las Malvinas, atraídos por esos
médanos que seguramente les recordaban la orografía de su Siria natal. Ya allí, hicieron venir desde Ruhayba a un primo. Se multiplicaron, y de qué manera!

Mi abuelo se arraigó en la Ciudad de San Rafael, calculo, por los años cuarenta. Compra un terreno importante sobre la calle Almafuerte donde comenzó a funcionar el Corralón La Siria. A estos hombres no podía pedírseles mucho. Llegaron para hacer lo que podían con lo que tenían: trabajar abnegadamente con el sustento de una fortaleza física inigualable.

Mi abuelo fue una persona básica, elemental, instintiva. De esa manera crió a sus hijos. Pasaron puertas adentro de su familia cosas que no viene al caso mencionar. Don Alejandro Rada no fue un héroe, no fue integralmente admirable, fue un inmigrante común de comienzos del siglo veinte, fue un hombre común con un par de virtudes y muchos defectos, que tuvo por compañera a una típica mujer de aquellos tiempos.

Afortunadamente, pesaron más sus virtudes. De no ser así, habría quedado en el olvido y no habría tantos hombres llamados ALEJANDRO en su memoria desparramados por el mundo: Alejandro mi padre, mis hermanos, yo, mis hijos varones, el hijo varón de mi hermano, el hijo mayor de Ismael, un hijo de ese hijo de Ismael, ni habría tampoco tantas mujeres llamadas LUCIA en memoria de aquella mujer sufrida que lo acompañó tantos años.

No aceptaba consejos ni recibir órdenes. Si alguien le hubiese ordenado trabajar, se habría quedado sentado y cruzado de brazos. Hacía lo que quería. Se murió el día que él quiso.

Aviso del corralón

Aviso del corralón

El Corralón La Siria fue una hoguera de secretos y tormentos como los de una familia de cualquier tiempo. Lo saben todos, lo sabemos todos: los Rada Modroño, los Berón Rada, los Rada Cunqueiro, los Encabo Rada, los Romero Rada, los Ortiz Rada, los Ovejero Rada.
Si por algo sigue viva hasta hoy la imagen de mi abuelo, es porque tocó quizás, esa fibra íntima común en cualquier ser humano: la ley que se impone es la del más fuerte (metafóricamente hablando), aún cuando no sea inteligente. Ni el más inteligente se impone, si no tiene mucho de fuerte. No me doy por vencido ni aún vencido, eso nos dijo con sus acciones porque hablaba muy mal el español.

Por eso, SE MURIÓ EL DÍA QUE ÉL QUISO (y no es que se haya suicidado: tenía casi cien años, pidió una palangana con agua, la llevó con él al patio de la casa de mi tía Élida, se sacó los zapatos, se sacó las medias, bailó un poco sobre la tierra, dijo, un día para caer, tres para morir, se lavó los pies, se puso las medias y los zapatos, fue hasta su cama, se desvistió, se acostó y se durmió, y al tercer día se murió.

(Publicado originalmente en su Face)

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