El nuevo museo imaginario

JOSE JIMENEZ

La coincidencia en el tiempo de varias manifestaciones que se ocupan de formas artísticas no occidentales -arte chino, maya, nigeriano e indio- es, en sí misma, altamente significativa. Ante todo, conviene destacar la riqueza e importancia estética de todas esas tradiciones que, por fin, llegan con una consideración de primer rango al espectador occidental. Aunque es, en realidad, un fenómeno muy reciente.

Naturalmente, en la raíz de dicho fenómeno hay diversos aspectos. En primer lugar, hay una motivación política. Desde los años 60, con el proceso de descolonización, la civilización europea se convirtió en una más en el concierto universal de las naciones y las culturas humanas. Ese aspecto no ha ido sino profundizándose con el tiempo, hasta llegar al momento que ahora vivimos, en el que el pluralismo cultural y el mestizaje son cada vez más intensos y dinámicos.

Pero también hay motivos económicos y comerciales. El circuito mercantil del arte presenta un grado de integración mundial similar al de otros sectores económicos. Un modo de romper la saturación e introducir nuevos productos en el mercado es poner en circulación piezas y obras que se sitúan fuera o en los márgenes de los circuitos habituales de producción: América del Norte y Europa.

Finalmente, hay también una motivación específicamente estética que nos ayuda a comprender esa expansión pública del arte no occidental. Todo el arte de nuestro siglo ha incidido en la necesidad de una renovación radical de las formas y lenguajes tradicionales, lo que supuso ir más allá de la tradición europea en busca de otros criterios de representación. Es algo que tuvo su inicio con las vanguardias artísticas de comienzos de nuestro siglo. Pero que el desarrollo de la tecnología moderna no ha hecho sino intensificar cada vez más.

Ya en los años 50, André Malraux pudo hablar del «museo imaginario» y de cómo la tecnología moderna permitía, por vez primera en la historia de la Humanidad, que nuestro patrimonio cultural, nuestro conocimiento de las formas de representación, fuera realmente universal.

Lo que las experiencias mencionadas y los nuevos planteamientos museográficos ponen de manifiesto es que la idea de arte o de producción estética es mucho más rica y amplia de lo que pudimos imaginar en otros tiempos. Tiempos marcados por la idea de una historia lineal y homogénea, en la que el único protagonismo, en todos los planos, correspondía a Occidente. Tiempos, por fortuna, completamente obsoletos hoy en día.

Diario EL MUNDO, España.

 

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