SUINDA, una lechuza de leyenda

Artesanía de San Ignacio Miní, Argentina, 2007

Artesanía de San Ignacio Miní, Argentina, 2007 Foto © Rubén D. Romani


Versión: GIRALA YAMPEY

Según los comentarios, cuando pasa una suinda chistando sobre la casa, es de mal agüero. Suinda es una lechuza, por lo tanto, nocturna, que al atardecer comienza con su actividad de atrapar los insectos voladores para su alimento. También come bichos menores.

La leyenda nos cuenta que era una pobre mujer muy trabajadora, pero, como tenía muchos hijos, siete en total, nunca tenía lo suficiente como para descansar. Trabajaba hasta altas horas de la noche a fin de conseguir el sustento para tantos hijos. De ahí sus hábitos nocturnos.

De día hacía algunos trabajos en las casas que la empleaban en diversas actividades, y a la noche seguía con la tarea de remendar ropas y confeccionar nuevos vestidos. Era un trajín interminable, agregando el cuidado de los chicos.

Pero, llegó un día en que comenzó. á cambiar sus costumbres. Poco a poco fue desinteresándose de sus pequeños. Ala noche se ocupaba de confeccionarse, para sí misma, vestidos cada vez más lujosos. El poco dinero llegado a sus manos, derrochaba en la compra de telas, hasta el punto de quedar enloquecida por la obsesión de hacerse ropas nuevas, aunque no la usara.

Toda la noche se sentía el rasgar de telas en su habitación. Llegó al punto en que ya no atendía a sus hijos, que salían a vagabundear buscando las limosnas de los vecinos. Ella en cambio decidía ir a los bailes que se organizaban. No faltaba a ninguno y volvía recién al amanecer. Una noche de mucho frío, al regresar a su casa, a la madrugada, encontró a sus siete hijos muertos por el frío.

El fallecimiento de sus hijos en esas circunstancias la despertó de su enajenamiento. Lloró desconsoladamente sin atinar qué hacer. Pasaron las horas y ella, sola, con los cadáveres de sus hijos seguía bañada en lágrimas.

El sentimiento de culpabilidad, o los designios de Ñanderu, hizo que fuera transformándose en Suinda, que lanza constantes chistidos durante la noche, como ella cuando rasgaba las telas. Dicen que, generalmente, son siete los chistidos seguidos que lanza. Luego descansa un buen rato, eleva nuevo vuelo y lanza otros siete chistidos. Uno por cada hijo que dejó morir de frío

Fuente: MITOS Y LEYENDAS DEL PARAGUAY. Compilación y selección de FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH. Editorial EL LECTOR –www.ellector.com.py . Tapa: ROBERTO GOIRIZ. Asunción-Paraguay. 1998 (187 páginas)

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