Relaciones de intercambio de las ARTES ESCÉNICAS IBEROAMERICANAS

PROBLEMÁTICAS, CONEXIONES Y PERSPECTIVAS

Luis Guillermo Heras Toledo [guillermoheras1952@gmail.com]

[ Nota: Conferencia pronunciada en el marco de las Jornadas Homenaje a los 70 Años del Teatro General San Martín, de la ciudad de Buenos Aires.
Asimismo en la ocasión se desarrolló un congreso de Gestión Latinoamérica, con representantes de los lenguajes artíisticos principalmente los de las artes escénicas y de la política cultural Sudamericana. ]

Empezaré mis reflexiones sobre las propuestas realizadas desde la dirección de este Encuentro entrando directamente a plantear unos problemas básicos que, por su importancia, lastran cualquier propuesta de gestión que se mueva en el ánimo de dinamizar el intercambio y la integración en el terrenos de nuestras Artes Escénicas. Y estas apreciaciones provienen desde mi propia y larga experiencia trabajando en el sector de la gestión, tanto desde el sector estatal y gubernamental, como desde el independiente o claramente “tercer sector”. Son cuatro los peligros evidentes para resolver, ya que estos llegan a convertirse en serios impedimentos a la hora de desarrollar y apuntalar, por ejemplo, un Plan de Cooperación Internacional. Estos cuatro condicionamientos serían:

  1. LA BUROCRACIA
  2. EL SIMULACRO
  3. LA RETÓRICA
  4. LA DESCOORDINACIÓN

     Si todas estas lacras se producen en cascada entonces, el resultado es verdaderamente lamentable, si sus efectos son parcelados puede que el proyecto final pueda llegar a afianzarse. No voy a analizar aquí en profundidad estas particularidades, pero sí dejar constancia con una breve descripción de esas barreras que asolan los proyectos de cooperación, ya que me interesa mucho más el como no dejarnos condicionar por los mismos y ser capaces de alcanzar alternativas propias del siglo en que vivimos y no anclarnos en miradas nostálgicas del pasado, sin embargo no puedo pasar por alto alguna breve reflexión al respecto:

1.- Burocracia. Poco que decir a algo que nos dedicamos a la gestión y a la acción cultural. Los laberintos administrativos de nuestros países impiden la agilidad de puesta en práctica y desarrollo de proyectos que, curiosamente, vienen sobre todo desde las instancias políticas gubernamentales, aunque también de la iniciativa privada y, a veces hasta de la independiente. Si se aboliera mucho papeleo, mucha irracionalidad decimonónica y mucha inercia podríamos obtener muchos resultados positivos sin tener que emplear gasto económico alguno. Y esto, mucho más, en esta era de renovaciones tecnológicas.

2.- El simulacro. Simular continuamente desde programas o proyectos oficiales medidas que luego no cuentan con el necesario presupuesto económico y, por tanto, se convierten en aguas de borraja.

3.- La retórica.- El adorno inane de palabrería que se emplea en muchos gestores culturales para ocultar lo inerte de su discurso de cara a conseguir resultados prácticos. Un abuso continuo en nuestros sistemas es la creación de comisiones que estudien la comisión anterior y, a su vez, creen otra de cara de al futuro, para así reunirse en otro lugar para decidir prácticamente lo mismo. Algo así como esa ruedecilla de los hamsters en sus jaulas: mucho movimiento para no llegar a ningún sitio.

4.- La descoordinación. Este tema si que es una cuestión de gran importancia para intentar dinamizar los intercambios entre nuestros países iberoamericanos. Casi todos nuestros países disponen de varios organismos oficiales que disponen de planes o ayudas para las salidas al exterior de sus artistas. Si se saliera de la inercia de las entidades para operar de una manera individual y pasar a realizar proyectos en común se lograría una mayor sostenibilidad y optimización de los proyectos.

   En un reciente artículo leído en el diario EL PAÍS, leí una reflexión de M. A. Bastenier que, a su vez, citaba al politólogo argentino Juan Gabriel Tokatlián que hablando de la sopa de letras de organismos que tenemos en Iberoamerica, concluye como se malinterpretan integración, cooperación y concertación. No estaría de más analizar en profundidad estas tres cuestiones por parte de gran parte de entidades gubernamentales que se crean y en realidad, muchas veces, solo solapan actividad que ya hacían otras ya creadas.

       Pasando al terreno del intercambio, la cooperación cultural y la integración de proyectos es importante para mí empezar señalando un factor conceptual que considero muy importante: el término mercado. Me gustaría situarlo entre dos polos muy diferentes a como, en general, se viene utilizando. A diferencia de la sacralización a la que lo elevan los neoliberales, en un lado, o a la demonización al que lo someten determinadas concepciones izquierdistas, en el otro, pienso que va siendo hora de situar su sentido en un hecho puramente descriptivo. Y, por supuesto que eso no me coloca en el lado neoliberal de pensar que la regulación del terreno de la práctica de las artes escénicas viene del mercado, nada más lejos de lo que pienso, sino que ese pensamiento mercantil se aprovecha para manipular la democracia de todo mercado cultural. Y, por eso, precisamente creo firmemente en el Estado como rectificador de mercados dominantes.

   Sin embargo, estoy convencido que todo artista o grupo teatral, por investigadora que sea su propuesta, necesita unos ciudadanos a los que comunicar su discurso ético y estético, y por tanto, necesita un núcleo poblacional al que dirigir su proyecto, es decir un mercado propio. Por eso el mercado podrá ser mayoritario o minoritario, o bien específico como a mí me gusta llamarlo, pero tendrá que existir para que ese proyecto sobreviva una propuesta profesional y viable vinculada a las Artes Escénicas.

   Creo que en nuestro sector no somos conscientes de lo que significa un mercado tan diverso, enorme en extensión y con grandes posibilidades de inversión, como el que genera lo que podríamos llamar REGIÓN IBEROAMERICANA, que no se limita a España y Portugal en Europa, y a los países de Sudamérica, Centro América, México y Caribe, sino que ya la enorme población hispana de EEUU y Canadá, completan una geografía y, por tanto una geopolítica, de gran importancia para entender la CULTURA como un eje fundamental del Comercio Exterior.

   Pero conociendo la realidad de muchos de los países americanos, con desarrollos profesionales y estructuras estables muy diferenciadas en el campo de las Artes Escénicas, lo que me parecería un error es establecer los conceptos de intercambio, por ejemplo, en el tema de las coproducciones, como una simple cuestión de que cada estructura de una país pusiera simplemente una cantidad de dinero para establecer un acuerdo. No dudo que ese es un concepto posible de coproducción, pero creo que entre nuestros países habría que poner en la balanza otros términos, tales como solidaridad, intercambio e integración. De ahí que habiendo unas extraordinarias perspectivas para exportar nuestros trabajos desde España, no podemos, ni debemos hacerlo bajo los criterios de los mercados españoles o europeos, ya que las realidades económicas latinoamericanas son muy diferentes. Pero por otra parte, tampoco habría que hacerlo bajo discursos encubiertos de paternalismo o vulgar populismo. Lo que estoy convencido es que en Arte y Cultura, las matemáticas deben ser más flexibles para pensar que siempre dos y dos suman cuatro.

     Las estrategias de colaboración con nuestros colegas americanos pasan por replanteamientos profundos de conceptos que hemos mantenido durante años sin querer conocer realmente la riqueza artística y la diversidad estilística del teatro y la danza latinoamericanos. Ese desconocimiento evidente pasa por terrenos tan obvios como el de la dramaturgia viva de estos países, por no decir la de los directores de escena, coreógrafos o actores. Más allá de aquello que parece consagrar el cine, con sus éxitos recientes, y nos hace pensar en la extraordinaria cantera de, por ejemplo Argentina y quizás, México, ignoramos lo que se hace en los escenarios cotidianos de casi todos los países del otro lado del Atlántico. Y esto que es un problema claro de España, por desgracias también se extiende al mutuo desconocimiento entre artistas y compañías de los propios países de la región americana.

   Por eso, una primera cuestión para afianzar alianzas de apertura de mercados, pasa por el CONOCIMIENTO de los mismos, y en eso tenemos por delante una tarea muy ardua. Cierto que nuestros profesionales aparecen ahora con frecuencia en Festivales como Bogotá, Santiago de Chile, Manizales, México, Buenos Aires, Río de Janeiro, Portoalegre, Guanajuato, Cádiz o San José……Pero hay muchísimos más que no llegan a tener una verdadera visibilidad, por eso habría que incentivar mucho más las relaciones con núcleos poco conocidos de difícil acceso a los eventos internacionales, que con las compañías habituales en esos grandes festivales ya que, en muchas ocasiones estos preparan espectáculos específicos para ese específico mercado. No me parece mal que lo hagan, al contrario creo que esta puede ser una estrategia y alternativa inteligente….pero puede haber muchas más ya que con esta sola línea de trabajo se repiten las mismas programaciones en muchos de estos festivales lo que propicia una cierta exclusión. No todo lo mediático es culturalmente más aceptable, al igual que no todo lo experimental o desconocido es, por sí mismo, interesante. Se trata, en gestión, de hacer políticas democráticas en la que la diversidad de propuestas sea un signo.

   Con ese objetivo nació en el año 2006 y en el marco de las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno y dentro del organismo denominado SEGIB, el Programa Iberescena. Sus bases conceptuales giran en torno a dos palabras básicas, integración e intercambio y a partir de sus líneas de ayuda, siempre desde la convocatoria de concursos públicos, mi trabajo como Secretario Técnico de dicho Programa, y siempre siguiendo el mandato de su Comité Intergubernamental, ha sido siempre el de impulsar proyectos que fortalezcan las bases conceptuales que planteo en este escrito.

   Paso a continuación a plantear algunas acciones concretas que podrían dinamizar las relaciones de intercambio en todos los ámbitos de la región iberoamericana, y todas ellas están también planteadas como tareas de desarrollo y concreción dentro de las líneas de acción del Programa Iberescena y, pienso, que en el de muchas personas que desde hace tiempo trabajan en la creación de ese espacio común.

     Entre las que considero fundamentales estarían:

-Fortalecer las vías de conocimiento de creadores, gestores y productores entre todos los países de nuestro entorno.

-Creación de mecanismos para que esta información circule con rapidez y democráticamente por todos los canales posibles.

-Desarrollar planes específicos de COPRODUCCIÓN entre todo tipo de agentes, tanto institucionales, privados como alternativos.

-Fortalecer FESTIVALES de clara proyección IBEROAMERICANA, más allá de que cuenten también con otras presencias internacionales, pero cuyo signo de identidad pase por la apuesta de la creación del entorno iberoamericano.

-Repensar los festivales en este siglo XXI, buscando nuevas formas de hacerlos cercanos a los ciudadanos y a los creadores, así como estableciendo nuevos modelos de producción y programación.

-Conseguir más fluidez en las leyes que amparan la circulación de proyectos culturales. Lograr unificar criterios sobre impuestos, tasas y normativas laborales en toda la región.

-Ampliar las REDES y CIRCUÍTOS actuales de distribución y exhibición ya existentes a muchas más que abrieran espacios a otras opciones, tanto productivas como de lenguajes artísticos.

-Conseguir que verdaderamente España fuera la puerta de entrada de la creación escénica americana para extenderla por toda Europa.

-Aumentar las ayudas que nuestros gobiernos centrales y autonómicos (o provinciales y estatales según términos americanos) dedican al intercambio entre nuestras Artes Escénicas.

-Estudiar vías de colaboración a través de RESIDENCIAS, VIVEROS DE JÓVENES ARTISTAS Y FÁBRICAS ESCÉNICAS, que a su vez crearan un tejido asociativo para fomentar el posterior intercambio.

-Perfeccionar los estudios de GESTIÓN DE ARTES ESCÉNICAS con especial énfasis en la formación de nuevas promociones.

-Coordinar los esfuerzos que las diferentes Administraciones Públicas realizan a la hora de proporcionar ayudas para dinamizar la exportación de formas culturales.

   Estas y otras muchas medidas serían necesarias para avanzar en el discurso del intercambio y la integración que proponía desde el principio y para ello, creo que desde nuestra función de gestores deberíamos trabajar en tres criterios importantes para trasladar a nuestros políticos. Muy resumidos estos serían:

 

  1. Hacer entender que lo importante hoy es situar el discurso de la cultura en el discurso de la política, entendida esta no como lucha de partidos sino como depositaria de la soberanía popular y ciudadana. Indagar en cauces de participación activa y democrática.
  2. Que la retórica vacía ya no sirve. Por tanto que solo con voluntad política, unida a conseguir y disponer de más recursos económicos es lo que puede lograr una efectiva transformación de una realidad cultural
  3. Que invertir hoy en cultura es hacerlo en dos grandes vías, la creación de bienestar ciudadano y el fortalecimiento y creación de puestos de trabajo, por tanto de la ayuda al crecimiento de los PIB internos de cada país.
  4. Que son precisos planes concretos para dotar a la cultura de marcos legislativos que produzcan una auténtica sostenibilidad.
  5. Que es preciso armonizar las leyes de los diversos países de la Región Iberoamericana para lograr agilizar los proyectos de movilidad de las alternativas culturales de nuestros artistas y gestores.

Ninguna de estas cuestiones me parecen brindis al sol. Desarrollando estos conceptos con medidas concretas, planes estratégicos y ayudas sensatas, y siempre pensando en que los resultados habría que medirlos en un corto, medio y largo plazo, podríamos obtener un cambio sustancial en nuestras incompletas relaciones internacionales actuales.

 

                                                    Guillermo Heras

 

 

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