SALVAR LA MEMORIA FOTOGRÁFICA DE UN PUEBLO CONVERTIDO EN CIUDAD

Publicado originalmente en imaginario.org.ar en Mayo de 1999.

Cristóbal Eliseo Miri, fotógrafo de provincia (1)

Primer voto femenino en San Rafael, Mendoza

Primer voto femenino en San Rafael, Mendoza

Don Eliseo murió el 5 de julio de 1994, tenía casi 72 años. El no pudo conocer a don Juan Pi (pionero fotógrafo de la Colonia Francesa, luego ciudad de San Rafael, fines del s. XIX), pues era oriundo de Pergamino y Ilegó aquí en el año 1947, siete años después de la muerte de Pi.

En Pergamino, donde había nacido, el 28 de Diciembre de 1922, trabajó en el diario “La Opinión” de Enrique Benini. Uno de sus compañeros de trabajo fue Cacho Bonardo, que es posible que aún viva. Miri trabajó en ese diario desde 1939 a 1940. En el año 1942 trabaja en el diario “El Tiempo” con Domingo Dinubila y J. Chavero (sobrino de Atahualpa Yupanqui).

Desfile del ejercito

En el año 1943 trabaja por unos meses en el diario “La Calle” de Rio IV, Córdoba, pero luego vuelve a Pergamino y continua en “La Opinión” y también acompaña a dos de sus hermanos, Helios y Homero, músicos de la orquesta “América” de Pergamino, en función de animador y presentador.

Y es entonces en el año 1947 cuando llega Eliseo Miri a San Rafael y comienza a trabajar en el diario “El Comercio”, de Servando Butti y su hijo Manuel Butti.

Eliseo Miri conocía el trabajo de Fotograbado, que enseña a su hermano Helios, y serán luego sus hermanos los que continúen trabajando en el diario El Comercio, mientras que en el año 1951, Eliseo deja de trabajar en relación de dependencia con este diario y la hace ya como Free Lance hasta presumiblemente el año 1969.
(Nota aclaratoria de Valentin Miri:
(según mi madre ella lo conoce hacia fines del ’60 y todavía trabajaba en el diario, a parte trabaja como free lance desde 1970 hasta 1990 pero ya en los últimos años se dedica más bien a foto carnet y accidentes para los seguros.)

Por lo que observo en sus negativos, el no usaba flash para “matar las sombras” en exteriores ni tampoco fotómetro, lo que en la práctica significaba revelar siempre un poco de más “por las dudas”, no obstante, estas ópticas llamadas “blandas” daban a los viejos negativos de nitrato, casi siempre sobre-revelados, una asombrosa calidad de copia.

También he pensado que el tono amarillento de aquellos negativos de nitrato, hace mucho a la disminución del contraste, que a simple vista parece mucho mayor.

Un alto en la cosecha...

Un alto en la cosecha…

En 1970 E. Miri se casa con Elsa Sánchez, a quien Eliseo enseñaría fotografía y sobre todo el trabajo de laboratorio, que ellos realizan en su propia casa. En 1971 nace su hija Elsa Sonia y en 1973 su hijo Eliseo Valentín

El apellido Miri, parece venir de Turquia. (Nota aclaratoria de Valentín Miri: esto de Turquía realmente no se sabe, si que eran apellidos muy antiguos en Calabria y Sicilia de donde eran originarios mis abuelos)

Los padres de Eliseo fueron: Valentín Miri y Carmela Gullo y tuvieron 9 hijos Nando, Viejito, Tito, Eliseo, Helios, Homero, Nata, Lita y Ada. Eliseo trabajó siempre con cámaras Leica, la más antigua es una Leica 1A, y después M2 y M3, la ampliadora era marca Leitz.

Eliseo MIRI era un hombre ordenado y limpio en su trabajo, yo lo conocí en los años 70 y él era un enamorado de la óptica Leitz y por supuesto de la tecnología alemana en estas lides, como la mayoría de los viejos fotógrafos.

(1) Carlos BREGA, Conservador de Fotografía, San Rafael-Mendoza.

 

Cuando la memoria demuele los olvidos… (2)

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Existen momentos fundacionales en la vida de los pueblos y en la vida de las personas, que rara vez son coincidentes a no ser que las instituciones del poder ‘inventen la historia’ como un hecho congelado. Lo más usual es el entrecruce de vidas y acontecimientos en una trama cuyas claves nos está vedado conocer totalmente.

En estas nuestras vidas, por obra de otras vidas y por los testimonios materiales de la cultura, vamos encontrando y reviviendo fragmentos que conforman un rompecabezas de la vida social de una comunidad y arman pequeñas claves de entendimiento sensible y racional de la historia profunda de una comunidad humana en un tiempo y geografía particulares.

Dice el escritor Oscar TIZON:
“Amamos cuatro o cinco imágenes, no más caben en nuestra memoria. Paradigmas o visiones del paraíso, todas. Yo recuerdo un río saltando entre las piedras, espumoso, bajo un cielo muy bajo. Recuerdo una voz llamándome. Una pequeña capilla semiderruida camino de Santiago. Entre esas dos imágenes se encauzo mi vida.”

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‘EL COMERCIO’ constituyó el único Diario producido localmente en la comunidad sureña por varias décadas, precisamente las décadas de su paso de pueblo de agricultores a sociedad semi industrial en el centro sur de Mendoza.

El archivo fotográfico resultante de las actividades de Eliseo Miri en el Diario EL COMERCIO de San Rafael, constituye una de esas raras oportunidades que la conciencia histórica de una comunidad encuentra como para justificar su paso por la historia.

Ello, siempre y cuando, la sensibilidad y formación intelectual de sus miembros y/o la sanidad de sus instituciones culturales le permitan enfocar con éxito el salvataje de esos testimonios materiales y su inserción en los procesos educativos y artísticos contemporáneos, tema por resolver después de este artículo.

Miles de vidas e historias emergentes de cada fotograma van construyendo a veces por sí mismos, otras mediante la confrontación con otras memorias, como las orales de los propios protagonistas y la documentación escrita que podamos reunir, un irrepetible mosaico que expresa mucho más de nuestras identidades que esos discursos rimbombantes (a veces muy ‘bombantes’) con los que los guardianes de la historia nos han querido insertar en una memoria hecha a medida del ejercicio autoritario del poder en la Argentina.

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Justamente para desandar ese camino de ‘memoria forzada’ y para hacer realidad la promesa del encuentro con lo que le es propio, la comunidad de San Rafael y la de toda la provincia por necesaria pertenencia histórica, tienen la oportunidad de salvar mediante la limpieza, copia y almacenaje en adecuadas condiciones ambientales, más de 100.000 testimonios fotográficos que el cariño y respeto profesional de la familia MIRI hacia su autor, han traído hasta el presente.

Como toda acción de cultura no oficial (sea cual fuere la oficialidad del momento frente a los 40 años de testimonios…), este proyecto carece actualmente de la atención de los responsables teóricos del patrimonio cultural de nuestros pueblos.
Estas observaciones son un llamado de atención y un pedido de apoyo concreto hacia los sectores de la comunidad que entienden sin ambages ni cálculos redituarios que la memoria social iconográfica no nos pertenece a nosotros, nos viene de un pasado muy reciente, sorprendente, mágico y doloroso a la vez, que es necesario reconstituir para entregarlo a las generaciones futuras, que cabe decirlo ya están aquí con nosotros.

Como individuos, atesoramos esas pocas imágenes fundantes de las que habla Tizón, pero como sociedad, no podemos permitir la pérdida de ninguna de estas fotografías, porque no nos cabe a nosotros decidir qué parte de estas miles de vidas cotidianas y sucesos sociopolíticos y económicos que registra la colección MIRI tienen que salvarse de la destrucción sino por el contrario, tenemos que esforzarnos en ‘reverdecer’ la memoria social como un bien del patrimonio colectivo.-

(2) Rubén D. ROMANI, Museólogo, Mendoza.

 

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